Un monstruo viene a verme, dramón de fin de semana

Intentaré no hacer spoilers de esta película que tanta gente quiere ver porque la han puesto por las nubes. Parece que Bayona tiene especial gusto por las historias que aumentan la cotización de Kleenex. Al igual que con El Orfanato, ahora mezcla fantasía y realidad en una historia dramática. Está basada en la novela homónima de Patrick Ness que ha participado como guionista, por lo que entenderemos que es una buena adaptación.

Los efectos especiales son espectaculares pero, como he dicho varias veces, a estas alturas y con un gran presupuesto esto es algo que no debería fallar nunca. Las actuaciones son bastante mediocres y los personajes, en fin, algo básicos. Clama al cielo el nefasto doblaje de Conor, el niño protagonista. La música es simple y parece especialmente diseñada para provocar la lágrima fácil en los momentos cruciales. Es tan simple, que incluso es superada por carga emotiva por el silencio que se produce en una de las escenas clave.

Escena de la película Un monstruo viene a verme

Uno de los muchos momentos sensibleros.

La historia (desconozco si por la novela o por el guión) es previsible. Pero no contentos con ello y esperando que cualquiera que preste poca atención siga el hilo, la narrativa visual está llena de obviedades para que no nos perdamos lo que realmente ocurre, quién es quién y qué les está pasando. La temática podría ser la superación de la culpa ante la muerte y diré que en este caso, sucede a la velocidad de la luz. Conor es un auténtico superdotado emocional. Tengo la sensación de que ha sido una historia concebida por alguien que ha intentado ponerse en esa situación pero no la ha vivido realmente. Yo viví algo parecido y he de decir que no me he sentido para nada envuelta por la historia ni las emociones, y mi hermana, que entonces tenía la misma edad que el protagonista, salió de la sala diciendo “qué poco creíble es todo, parece un culebrón”.

Sé que iréis a verla igual y no seré yo quien os haga desistir de hacerlo. Cuando hayáis pasado por la gran pantalla, por favor, regresad con la Leona y contadme qué os ha parecido. En la sala en la que estuve, pude comprobar cómo la gente salió compungida pero a la vez no del todo segura de que lo que había visto fuese el peliculón que les habían contado. Y es que esto es lo que sucede cuando confiamos la empatía emocional a los recursos comerciales del cine: efectos, primeros planos insoportables en partes emotivas, música sensiblera y un niño sufriendo.

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